Enfermedades de transmisión sexual más comunes: Hepatitis B

El hígado es el órgano de mayor tamaño del cuerpo humano, además de uno de los más importantes para el correcto funcionamiento del organismo. Por lo tanto, resulta esencial que cualquier enfermedad que altere su correcto funcionamiento, como por ejemplo la hepatitis, sea tratada lo antes posible.

La Hepatitis es una inflamación del hígado y la tipología concreta de esta afección –A, B, C, D o E- vendrá determinada por la causa que la origine. Las Hepatitis A y E se contagian a través de la ingesta de agua o alimentos contaminados, mientras que las B, C y D se transmiten por medio del contacto con fluidos corporales infectados.

En este artículo nos centraremos en describir la Hepatitis B por ser la única que puede ser transmitida a través del coito -de hecho forma parte de las Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS) más comunes-, además de resultar especialmente grave para los recién nacidos.

Hepatitis B: contagio

El virus de la Hepatitis B (VHB) se transmite a través de fluidos corporales, como por ejemplo la sangre o el semen. De esta manera, las relaciones íntimas sin protección, las transfusiones de sangre o las inyecciones son algunas de las causas más habituales. No obstante, los bebés también pueden contagiarse durante el parto o después de este si la madre -en el primer caso- o un miembro de la familia -en el segundo- están infectados.

Hepatitis B: síntomas y complicaciones

Uno de los grandes riesgos de la Hepatitis B es que no siempre cursa con síntomas evidentes para la persona contagiada y, aunque la mayor parte de los adultos elimina el virus de forma espontánea, no existe cura conocida para esta infección hepática.

En los casos en los que sí se manifiestan síntomas, suele tratarse de cuadros intensos de varias semanas de duración en los que se presenta una coloración amarillenta de la piel y los ojos -ictericia-, orina oscura, fatiga extrema, vómitos, náuseas, dolor abdominal, etc., incluso puede llegar a generar una insuficiencia hepática aguda.

Otra de las complicaciones asociadas a la Hepatitis B es su cronificación. Si bien tan solo 9 de cada 10 adultos infectados sufre Hepatitis B crónica, la mayor parte de los bebés contagiados durante el parto la pueden llegar a desarrollar si no reciben tratamiento inmediato.

Hepatitis B crónica

Cuando el virus de la Hepatitis B permanece en la sangre y el hígado durante más de 6 meses, se diagnostica infección crónica y, entonces, el paciente se convierte en ‘portador’, pudiendo llegar a transmitir la enfermedad más fácilmente.

La Hepatitis B no evoluciona de la misma manera en todas las personas infectadas y este hecho dependerá en gran medida de la replicación activa del virus, es decir, de su capacidad para producir nuevas partículas virales que infecten otras células hepáticas.

Incidimos en que el riesgo de contraer esta patología es mayor cuanto menor la edad de la persona infectada, siendo los bebés los más proclives a desarrollarla.

Hepatitis B en los recién nacidos

Aunque, como decíamos anteriormente, no existe cura para la Hepatitis B, se puede suministrar al recién nacido, en las 12 primeras horas de vida, un medicamento que actúa como refuerzo para luchar contra el virus.

Además, todos los bebés, sin excepción, deben ser vacunados contra la Hepatitis B poco después de nacer como método preventivo según indicaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Hepatitis B: diagnóstico y prevención

La Hepatitis B se diagnostica a través de una sencilla prueba de sangre y de una ecografía hepática o biopsia del hígado para determinar la extensión del daño hepático. Lo recomendable es que todos los miembros del hogar de la persona infectada se realicen estas pruebas para descartar el contagio.

No obstante, el mejor método para prevenir la infección es la aplicación de la vacuna contra el virus de la Hepatitis B.

También existen otras medidas preventivas, como por ejemplo el empleo de condones y barreras de látex bucales durante las relaciones sexuales y evitar compartir productos de higiene íntima o agujas.

En el caso de las mujeres embarazadas infectadas por el virus, conviene especificar que las cesáreas y los partos vaginales son seguros, así como la lactancia, siempre y cuando se empleen protectores que actúen de barrera contra las heridas en los pezones.

Hepatitis B: tratamiento

El tratamiento aplicado buscará el bienestar y equilibrio nutricional del paciente, intentando paliar algunos de los síntomas asociados a esta enfermedad.

Cuando la hepatitis se cronifica, se recomiendan la ingesta de medicamentos antivirales y las inyecciones de la proteína interferón.

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