La mujer y el riesgo de infarto cerebral ( ICTUS)

El Ictus es una enfermedad cerebrovascular que puede afectar de manera especial a las mujeres, y se produce por un cese o disminución del aporte de sangre a una determinada zona del cerebro debido a la obstrucción parcial o total de un vaso (arteria o vena), dejando grandes secuelas a su paso que pueden, en  muchas ocasiones, producir el fallecimiento de la paciente, dependiendo de la importancia del vaso obstruido.

El Ictus es, hoy por hoy, una de las principales causas de muerte de las mujeres.

Entre los factores de riesgo más importantes que pueden condicionar la aparición del Ictus en la mujer se encuentran:

La edad mayor de 40 años.

La hipertensión arterial.

La hipercolesterolemia familiar.

El tabaquismo.

La historia familiar o personal de episodios de ictus o trombosis.

El uso de métodos anticonceptivos hormonales.

La obesidad.

La gestación y el puerperio.

La insuficiencia venosa periférica y pélvica (varices en miembros inferiores y varices pélvicas).

Estos factores aislados pueden no ser causa suficiente de Ictus en mujeres jóvenes (etapa en la que el riesgo de Ictus es bajo), si bien deben ser controlados para evitar o disminuir el riesgo durante la posmenopausia o en mujeres premenopáusicas que presenten una predisposición genética.

Deberemos descartar esta predisposición mediante el estudio de determinados factores en mujeres que consideremos de alto riesgo.

Entre los factores genéticos más conocidos están los relacionados con las trombofilias,  que se producen por déficits de determinados factores de la coagulación, como son el factor XII y el factor V (que se asocian a una disminución de la actividad de determinadas proteínas sanguíneas como la Proteína C y la Proteína S),  las cuales podemos determinar en un análisis rutinario.

Por otra parte, existen alteraciones de determinados genes, como el  gen de la MTHFR, que producen un incremento de la homocisteína, que se asocia también con el incremento del riesgo de Ictus y Cardiopatía Isquémica.

Debemos resaltar que estas alteraciones de la coagulación se relacionan también con un aumento de abortos precoces (primer trimestre de la gestación), por lo que deberán ser estudiados en toda paciente diagnosticada de aborto de repetición (dos o más abortos consecutivos).

Como conclusión, pensamos que el riesgo de trombosis e Ictus no se encuentra suficientemente estimado en la población femenina, y creemos que el screening de trombofilias y alteraciones genéticas que producen un aumento del riesgo de ictus  debería ser llevado a cabo de forma rutinaria en toda paciente con dos o más factores de riesgo, con lo que se pueden disminuir la mortalidad y las importantes secuelas secundarias a Ictus en las mujeres.

Dr. F. Esteban Navarro.

Unidad de la Mujer. Hospital Ruber Internacional

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