Menopausia y síndrome climatérico

La palabra menopausia procede de los términos griegos menos -‘mes’- y pausia -‘cese’-. La menopausia es, por tanto, el cese definitivo de la menstruación.

Sucede habitualmente en torno a los 50 años por el descenso en la producción hormonal del ovario e implica, además del cese de la menstruación, una serie de cambios y síntomas -algunos temporales, otros definitivos- a los que la mujer debe adaptarse, pues la menopausia es un proceso fisiológico -no una enfermedad- que, debido al aumento en la esperanza de vida -a los 80 años en los últimos 2 siglos-, ocupará hasta un tercio de ésta.

La incorporación al mundo laboral de la mujer y una sociedad cada vez más exigente, tanto en el plano personal como en el laboral, hacen que estos cambios puedan repercutir intensamente en la calidad de vida de muchas mujeres cuando atraviesan esta etapa.

Es, por tanto, crucial conocerla a fondo, preparase desde antes de su llegada y, si es necesario, tratarla para que su repercusión sea lo menor posible.

La menopausia no sucede de forma brusca, sino paulatinamente dentro de una amplia etapa llamada climaterio, en la que la mujer va perdiendo capacidad reproductiva.

Esta a su vez se divide en tres etapas.

La primera, previa a la menopausia, es la premenopausia, en la que la mujer aún conserva la menstruación y la capacidad reproductiva.

Después llega la perimenopausia, que es el periodo inmediatamente previo y posterior al cese de la menstruación, en el cual se producen de manera más intensa las alteraciones propias por el cese de la producción hormonal del ovario.

La última etapa del climaterio, es la posmenopausia, tras la retirada definitiva de la menstruación, y que antecede a la senectud, en torno a los 65 años.

De las citadas etapas, la más significativa es la perimenopausia, pues es cuando la mayoría de síntomas indeseables del llamado síndrome climatérico son más intensos.

Hablamos de menopausia definitiva cuando una mujer está al menos 12 meses consecutivos sin menstruación.

La edad a la que sucede la menopausia está determinada genéticamente al nacimiento, pues las mujeres nacen con un determinado número de potenciales óvulos, entre 500.000 y 1.500.000.

Mensualmente se irán agotando varios de estos óvulos, y, dependiendo de esa herencia recibida, la menopausia ocurrirá antes o después, habitualmente entre los 45 y 55 años.

A pesar de esta inexorable herencia, hay factores externos, más o menos controlables, que pueden prolongar o anticipar la llegada de la menopausia.

Los embarazos, la lactancia, una dieta sana o la ausencia de tóxicos conservarán mejor esa herencia recibida,.

Por el contrario, cirugías sobre el ovario, quimioterapias o tóxicos como el tabaco pueden afectar esa herencia y anticipar la menopausia.

Los síntomas de la menopausia son múltiples y muy variables de unas mujeres a otras. Estos se producen por el descenso paulatino en la producción hormonal del ovario, principalmente de los estrógenos. Estas hormonas, aunque tienen como función principal favorecer la ovulación y la gestación, tiene otras múltiples funciones en el organismo, como control de la temperatura corporal, creación de hueso sano, control del colesterol y distribución de grasas en el cuerpo, favorecer la elasticidad de la piel, control del sueño y estados de ánimo, etc. El déficit de estos estrógenos son, en mayor o menor medida, los responsables de algunos de los cambios en la menopausia.

Estos cambios se pueden dividir a corto, medio y largo plazo.

A corto plazo, las primeras consecuencias del déficit estrogénico son las irregularidades del ciclo menstrual y el temido síndrome climatérico, con el insomnio o los desagradables sofocos, que hasta un 80% de las mujeres sufrirán y que consisten en episodios bruscos de calor en cabeza, cuello y tórax.

A medio plazo es frecuente el descenso en la elasticidad de la piel y la sequedad vaginal.

A largo plazo, las consecuencias del déficit de estrógenos pueden producir disminución de la densidad del hueso (osteoporosis), aumento del riesgo cardiovascular y alteraciones de la memoria.

Para prevenir y minimizar los efectos de la menopausia y el síndrome climatérico vamos a describir algunas de las pautas o tratamientos más comunes.

Como hemos visto, la menopausia es muy variable de unas mujeres a otras y es por eso que debería ser un experto el que asesorara en cada caso para obtener un tratamiento individualizado, pues cada mujer tendrá su ‘propia’ menopausia.

Los hábitos de vida saludables son la primera pauta que debemos seguir si queremos una menopausia tranquila, como el ejercicio aeróbico regular y una dieta sana que huya de las comidas copiosas, grasas y azúcares refinados. Esta dieta debe potenciar las frutas, verduras y alimentos ricos en calcio y vitamina D.

Evitar el tabaquismo, el abuso de sal y café, pues entre otros, aumentarán los síntomas del síndrome climatérico y aceleraran la osteoporosis.

Mantener una vida sexual plena y proteger el suelo pélvico son otros de los objetivos de una menopausia saludable. Medidas como la lubricación en las relaciones sexuales o la utilización de geles rejuvenecedores y otras medidas como los ejercicios de Kegel, evitaran experiencias no satisfactorias y la disminución del apetito sexual.

Aumentar las actividades intelectuales, como la lectura y el cine, evitar el aislamiento social y potenciar nuevos hobbies, ayudarán a una menor repercusión de la menopausia en la memoria o el estado de ánimo.

Si llegado el momento, y a pesar de los hábitos saludables seguidos, los síntomas de la menopausia interfieren en la calidad de vida de la mujer, como los incesantes sofocos, el insomnio, la depresión, la sequedad vaginal o el riesgo de osteoporosis, debemos valorar distintas opciones terapéuticas.

Existen múltiples tratamientos, el más eficaz la Terapia Hormonal Sustitutiva, que ha demostrado a través de múltiples y extensos estudios ser nuestro mejor aliado contra el síndrome climatérico. Atrás quedan los años de dudas generadas a principios del siglo XXI sobre su seguridad.

Otros tratamientos como las isoflavonas de soja (estrógenos naturales), la fitoterapia (plantas medicinales), la acupuntura, el yoga y la homeopatía pueden ser también de ayuda.

Recordando una vez más la necesidad de asesoramiento por especialistas, basado en la información y la confianza que permita establecer el mejor de los tratamientos en función de las necesidades de cada mujer y en pos de una menopausia saludable, que como acabamos de describir, no es una quimera, sino una meta al alcance de tod@s.

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*Más información sobre la Menopausia y el Síndrome Climatérico en el Libro: Ser Mujer de la Unidad de la Mujer (Hospital Ruber Internacional).

Dr. Álvaro Martínez Acera

Unidad de la Mujer. Hospital Ruber Internacional

Esperamos que este artículo os haya resultado de utilidad. Para acceder a más información podéis entrar en la página web de la Unidad de la Mujer o haceros con el libro Ser Mujer, la obra más completa para entender y superar los cambios que experimentan las mujeres desde la infancia hasta la vejez. También podéis poneros en contacto con nosotros a través de este número de contacto: 917 303 673

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