Prevención primaria y secundaria en la lucha contra el cáncer de cuello uterino (CCU)

A pesar de que el cáncer de cuello uterino (CCU) es la tercera causa de cáncer más frecuente en la mujer de los países desarrollados, podemos afirmar que gracias a la efectividad de los programas de prevención primaria (vacunación) y secundaria (detección y tratamiento en consulta de alteraciones precancerosas) se ha conseguido disminuir su incidencia de manera significativa.

Dicha prevención se desarrolla a través de las siguientes vías:

Prevención secundaria del cáncer de cuello uterino

Como parte esencial de este método de prevención del CCU encontramos los programas de cribado organizados, que consisten en la realización de pruebas diagnósticas a personas que a priori están sanas con el propósito de detectar de manera precoz el desarrollo de enfermedades.

El cribado clásico establece la citología cérvico-vaginal o técnica de Papanicolau periódica como la alternativa más adecuada para realizar esta acción de cribado. La periodicidad de esta prueba resulta fundamental, ya que las citologías aisladas u oportunistas, únicamente realizadas a las mujeres que acuden a la consulta y no a la ‘población diana’, en base a un censo poblacional, en conjunto no son tan efectivas a la consecución del propósito original, que es la disminución del número de pacientes afectadas por este tipo de cáncer.

Sin embargo, este cribado tiene una serie de limitaciones porque, para conseguir un impacto en la disminución de la mortalidad del cáncer de cérvix, la cobertura debe ser como mínimo del 70%.

Por este motivo han surgido en los últimos años nuevos tests de cribado, fundamentalmente los basados en el análisis del ADN de los VPH de alto riesgo oncogénico (PCR o HC2).

El test de detección de VPH aumenta bastante la sensibilidad con respecto a la citología a costa de disminuir un poco la especificidad, y, ante un resultado positivo, habría que complementar el examen ginecológico con una citología o una derivación a una unidad de colposcopia. Además, es altamente reproductible, de más fácil lectura en el laboratorio y con resultado objetivo y no patólogo-dependiente.

Esta inclusión de las pruebas de VPH debe ir acompañada de una amplia educación para la salud. De tal forma que se informe a las mujeres para desestigmatizar la infección con el virus y no crear alarma social, pues la prevalencia a lo largo de la vida puede llegar en España al 80% y la capacidad de aclaramiento en individuos con un sistema inmune competente llega al 90% en los dos primeros años.

Esta iniciativa ha permitido detectar cada vez de forma más prematura las lesiones invasoras o neoplasias, así como las lesiones precancerígenas, consiguiendo una tasa de supervivencia del 92% a los cinco años en el primer caso y reduciendo drásticamente la incidencia del CCU en el segundo.

Prevención primaria del cáncer de cuello uterino

La prevención primaria del CCU se basa en la vacunación profiláctica -es decir, preventiva- frente al VPH.

Actualmente encontramos 3 vacunas profilácticas: tetravalente (frente a los genotipos 6, 11, 16 y 18), bivalente (frente a los genotipos 16 y 18) y nonavalente (frente a los genotipos 6, 11, 16, 18, 31, 33, 45 y 52).

La eficacia de las dos primeras a la hora de prevenir la infección por VPH en cérvix, así como el desarrollo de lesiones precancerosas cervicales y verrugas genitales, ha sido ampliamente respaldada por numerosas investigaciones. La vacuna nonavalente ha demostrado una eficacia similar a la tetravalente, con el valor añadido de ofrecer protección frente a los 5 genotipos adicionales mencionados en el anterior párrafo.

La vacunación se encuentra subvencionada en España a las niñas de entre 9 y 14 años (en algunas comunidades autónomas también hasta los 45 años tras lesión CIN 2 o mayor) y, a pesar de que hasta hace no mucho tiempo no se aplicaba a mujeres mayores de 26 años, estudios recientes han probado más que de sobra su eficacia y seguridad.

La nueva vacuna nonavalente está indicada, además, para prevenir lesiones precancerosas y cáncer de ano. También se presenta una posible eficacia a la hora de prevenir el cáncer de orofaringe en continuo crecimiento, que se extiende a los varones.

Gracias a la reducción del coste de estas vacunas y al efecto positivo de las mismas, que disminuye a su vez el número de tests de cribado necesarios, resultan cada vez más accesibles. 

A pesar de todo, sigue habiendo múltiples barreras que se interponen entre el objetivo de los especialistas a la hora de erradicar esta enfermedad, la principal es la aplicación limitada de los programas de cribado y el uso restringido de la vacunación.

-Artículo original publicado por la Dra. M. Ramírez y el Dr. A. Duque en la revista Prevención primaria del VPH de la Asociación HPV de Madrid-.

Artículos relacionados

Tipos de Virus del Papiloma Humano (VPH)

Pubertad: prevención del VPH y embarazos no deseados

Esperamos que este artículo os haya resultado de utilidad. Para acceder a más información podéis entrar en la página web de la Unidad de la Mujer y pedir cita con cualquiera de nuestros especialistas o haceros con el libro Ser Mujer, la obra más completa para entender y superar los cambios que experimentan las mujeres desde la infancia hasta la vejez.

Leave a reply