¿Qué es y cuándo debe ser extirpado un mioma?

No es la primera vez que remarcamos la importancia de que las mujeres adoptéis como rutina la realización de chequeos ginecológicos periódicos. Y es que estos suponen una grandísima diferencia a la hora de enfrentarse a las distintas enfermedades o patologías que puedan desarrollarse, ayudando a su detección precoz y permitiendo un tratamiento menos agresivo y, sobre todo, mucho más efectivo.

No obstante, no conviene ser alarmistas, pues la mayor parte de las anomalías que se detectan en dichas citas médicas suelen ser benignas -aunque en estos casos los chequeos rutinarios también adquieren una importancia fundamental, ya que previenen que una patología leve acabe convirtiéndose en un problema grave de salud-.

Este es el caso de los miomas, que son tumores benignos sólidos que se desarrollan en la pared del útero a modo de capas y que, en ocasiones, pueden necesitar tratamientos específicos o intervención quirúrgica para paliar los síntomas que provocan.

Miomas: síntomas

Tal y como os indicábamos previamente, el mioma en sí no es más que el crecimiento del tejido muscular de la pared uterina de manera independiente y no reviste mayor gravedad -de hecho, muchos son asintomáticos-. Sin embargo, en ocasiones, este desarrollo anómalo produce una serie de síntomas que incomodan a la mujer y que requerirán tratamiento médico o quirúrgico en función de su intensidad.

El origen de dichas molestias reside fundamentalmente en dos factores: el tamaño del propio mioma y su localización. Estas dos condiciones pueden llegar a derivar en sangrados irregulares más o menos abundantes, si el mioma está situado en la cavidad uterina, y, como consecuencia de ello, en anemias ferropénicas.

Por otro lado, cuando el tamaño del tumor benigno aumenta de manera considerable, puede comprimir los órganos vecinos, provocando dolores que afectan a las relaciones sexuales, pesadez, micciones constantes e, incluso, la dilatación de la vía urinaria o consecuencias más serias.

Además, otro de los síntomas que alerta de la posible presencia de uno o varios miomas es la dismenorrea.

Miomas: tratamientos y cirugía

Una vez realizados los exámenes necesarios para determinar el alcance del mioma (examen pélvico, ultrasonido, resonancia magnética, ecografía con infusión salina, histeroscopia o biopsia endometrial), el control de los síntomas anteriormente citados se convertirá en máxima prioridad para los especialistas.

El tratamiento aplicado dependerá de la edad de la paciente, su salud general, los síntomas que padezca, el tipo concreto de miomas (subserosos -ubicados en la superficie del útero-, intramurales -dentro de la pared uterina- o submucosos -dentro de la cavidad del útero-), si la mujer está embarazada o si quiere ser madre en un futuro. En función de estos factores, el ginecólogo determinará cuál es el tratamiento idóneo, que puede incluir pastillas anticonceptivas, dispositivos intrauterinos, ácido tranexámico, analgésicos, inyecciones de hormonoterapia…

Si el tratamiento aplicado no surte efecto y los síntomas persisten en su intensidad, entonces habrá que realizar una intervención más invasiva. En este caso, también encontramos distintos procedimientos: histeroscopia -para eliminar los miomas que crecen dentro del útero-, embolización de las arterias uterinas -para detener el riego sanguíneo al mioma y que este encoja y muera-, miomectomía -cirugía de extirpación de los miomas- e histerectomía -cirugía de extirpación del útero indicada para aquellas mujeres que no quieran ser madres o que ya hayan visto cumplido este deseo-.

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