Enfermedades de transmisión sexual (ETS) más comunes: herpes genital

El herpes genital es una de las enfermedades de transmisión sexual (ETS) más comunes y una de las más complejas, ya que no tiene cura y, además, puede cursar sin sintomatología que alerte de su contagio. Esta ausencia de síntomas, sin embargo, no evita su transmisión a través de las relaciones sexuales -bien sean vaginales, anales u orales- o -durante el parto- de las madres a sus bebés.

Qué es el herpes genital y cuáles son sus síntomas

El herpes genital es una infección causada por el virus del herpes simple (VHS), del cual existen dos tipos: VHS-1 y VHS-2. Normalmente es el segundo -el VHS-2- el que provoca el herpes genital, aunque algunos casos son producidos también por el VHS-1. Este último suele transmitirse por contacto de boca a boca y causar herpes labial o calenturas. Conviene saber que las infecciones que provocan ambos virus acompañarán a las pacientes durante toda la vida.

En función del estadio en el que se encuentre la enfermedad que nos ocupa en este artículo, el herpes genital, distinguimos entre vulvovaginitis primaria y vulvovaginitis no primaria o recidivante.

Vulvovaginitis primaria

El contagio del herpes genital se realiza por contacto íntimo, penetrando el virus a través de una pequeña herida o fisura en la piel. Y es en esta fase inicial, desde la exposición al virus a los 7 o 10 primeros días, cuando se comienzan a percibir ciertos síntomas clínicos: fiebre, dolores musculares y malestar generalizado.

Además, durante la 2ª y la 3ª semana, también se puede dar la inflamación de algún ganglio inguinal, que suele doler y también puede haber molestias al orinar.

Asimismo, es frecuente la aparición de lesiones en forma de pequeñas vesículas en los glúteos y muslos, el ano, la boca y/o la uretra. En las mujeres, además, en los labios mayores y menores, en el monte de Venus y/o el cuello uterino, y en los hombres, en el pene y/o el escroto. Estas pequeñas vesículas van acompañadas de dolor e inflamación y suelen permanecer durante otros 10 días, momento en el que se transforman en úlceras. La curación completa de estas lesiones no tendrá lugar hasta pasadas al menos 3 semanas desde el contagio.

Desde la infección primaria, el virus puede acabar penetrando a través de los nervios y quedar en estado latente en los ganglios sensoriales. A partir de este momento, la reactivación de la enfermedad es posible si se dan determinados factores que lo propicien, como puede ser el debilitamiento del sistema defensivo o un estado inmunitario alterado.

Vulvovaginitis no primaria o recidivante

Una vez la infección se reactiva, normalmente sus síntomas suelen ser menos severos, tanto en intensidad como en duración, en comparación con la primera fase. No obstante, es posible sentir ardor, hormigueo o picazón en el área de contagio, así como dolor en la parte inferior de la espalda, en los glúteos y las piernas poco antes de que surjan las llagas, que también se curarán con mayor rapidez.

Complicaciones del herpes genital

Uno de los grandes riesgos de esta enfermedad de transmisión sexual es que provoca que la persona infectada sea mucho más sensible al contagio –o transmisión- de otras ETS. Además, las llagas asociadas al herpes genital pueden derivar, en algunos casos, en problemas inflamatorios en la vejiga -cistitis- o el ano -proctitis.-

Tratamiento del herpes genital

En cualquiera de sus fases, el Aciclovir, un antiviral administrado en pomada, pastillas o inyecciones, es la principal medida terapéutica para la infección del herpes genital en cualquiera de sus fases.

Prevención y precauciones durante el embarazo

Según las estadísticas, tanto las mujeres como los hombres que tienen múltiples parejas son más propensas al contagio de herpes genital, así que ambos grupos de riesgo deben tener especial cuidado a la hora de mantener relaciones íntimas.

El uso de preservativo es primordial, así como evitar las relaciones cuando uno de los miembros de la pareja sufra un brote, bien sea en el área genital o en cualquier otra zona de las anteriormente citadas.

Las mujeres embarazadas deben consultar con su ginecólogo ante la más mínima sospecha de contagio y solicitar una prueba de detección. El objetivo es evitar en la medida de lo posible el desarrollo de un brote cerca del momento del parto. En los casos en los que estas medidas de prevención no sean efectivas o el herpes genital no se haya detectado con suficiente antelación, lo más aconsejable es recurrir a una cesárea para reducir el riesgo de contagio de la madre al bebé si el parto se produce por vía vaginal.


Esperamos que este artículo os haya resultado de utilidad. Para acceder a más información podéis entrar en la página web de la Unidad de la Mujer y pedir cita con cualquiera de nuestros especialistas o haceros con el libro Ser Mujer, la obra más completa para entender y superar los cambios que experimentan las mujeres desde la infancia hasta la vejez.

Leave a reply