Tratamiento quirúrgico del cáncer de mama

Una vez realizado el diagnóstico de cáncer de mama hay que plantear a la paciente el tratamiento más correcto y siempre individualizado que debe de seguir. La cirugía, junto con los tratamientos oncológicos (quimioterapia, inmunoterapia, hormonoterapia…) y la radioterapia van a ser los ejes fundamentales de dicho tratamiento.

En las últimas décadas el tratamiento quirúrgico ha evolucionado desde la radicalidad hasta actos cada vez más conservadores. Tan solo apuntar que hasta la década de los 60, junto con la glándula mamaria entera, se extirpaban los músculos pectorales mayor y menor, así como todos los ganglios axilares. Hoy se tiende, siempre que se pueda, a una cirugía mínimamente invasiva.

Nos vamos a referir a las técnicas que se plantean en estadíos iniciales localizados y que son sobre la mama que presenta el tumor y sobre la axila del mismo lado (cirugía ganglionar). Estas van a depender del tamaño del tumor, de su localización, de la no contraindicación para poder realizarla y, por supuesto, del deseo de la paciente.

Cirugía sobre la mama

  • Cirugía conservadora: es la extirpación del tumor con un margen de seguridad de tejido sano. Tras este tipo de cirugía siempre es necesaria la radioterapia complementaria sobre el lecho del tumor. Actualmente se realiza en el 60-70% de los casos.
  • Mastectomía radical: es la extirpación de la glándula mamaria en su totalidad, incluido el complejo areola-pezón. Se realiza cuando está contraindicada la cirugía conservadora, que sea un tumor multicéntrico o que, posteriormente, esté contraindicada la radioterapia.
  • Mastectomía subcutánea: en ella se respeta el complejo areola-pezón. Se suele indicar en casos profilácticos o preventivos, como en aquellas mujeres en las que se detecta una alteración genética.

Cirugía sobre la axila

Tiene una doble finalidad: saber si están afectados los ganglios del mismo lado y, si lo están, al extirparlos se disminuye la probabilidad de recaída de la enfermedad.

  • Detección del llamado ‘ganglio centinela’: consiste en la inyección en el tumor generalmente de un isótopo radiactivo que drena vía linfática hacia los ganglios que hay en la axila y, posteriormente, se identifica el primer (o primeros) ganglio/s de la cadena. Ya durante el acto quirúrgico se localiza/n dicho/s ganglio/s con una sonda y se analiza en el momento (biopsia intraoperatoria). Dependiendo de lo que se informe desde anatomía patológica el cirujano decidirá los pasos a seguir.
  • Linfadenectomía axilar reglada: es la extirpación de todos los ganglios linfáticos que existen en la región anatómica de la axila. No se trata de un número determinado, ya que en cada mujer puede ser muy variable. Se realiza cuando está contraindicado realizar la técnica del ganglio centinela (en casos de carcinomas inflamatorios, en los localmente avanzados que son de gran tamaño y que sepamos de antemano que algún ganglio ya está afectado…).

Hay casos especiales que habrá que individualizar y valorar previamente; por ejemplo en el caso de carcinomas ‘in situ’, en los llamados multicéntricos (varios focos de tumor alejados entre sí en la mama), existencia de cicatrices por cirugías previas, mujeres gestantes…

Cada vez se realiza en menos casos y la desventaja fundamental es que clínicamente se puede producir como efecto secundario a largo plazo el ‘linfedema‘; aparece hinchazón en el brazo, a veces con infección y dolor, y es debido a la acumulación de la linfa al estar obstruído su drenaje. Se produce entre un 10 y un 30% de los casos.

Reconstrucción mamaria

Se trata de diferentes técnicas quirúrgicas que tienen como objetivo evitar, en lo posible, que la imagen corporal de una mujer se vea dañada tras una cirugía por cáncer de mama. Se puede realizar usando tejidos del propio cuerpo de la mujer (grasa, músculo…) o material protésico (implantes de silicona). En algunas ocasiones, también se actúa sobre la mama contralateral sana para obtener el mejor resultado estético posible, evitando así grandes asimetrías.

  • Reconstrucción inmediata: se realiza en el mismo acto quirúrgico tras la cirugía para tratar el problema oncológico.
  • Reconstrucción diferida: en un segundo acto quirúrgico, después de haber finalizado el tratamiento con quimioterapia y radioterapia (si era necesario).

El cuándo y el tipo de cirugía será valorado en cada caso junto con el cirujano plástico de la Unidad. No solo hay que tener en cuenta los posibles riesgos o beneficios de estas técnicas, sino también ser realistas en cuanto a las expectativas futuras de la enfermedad.

En líneas generales, estas técnicas no afectan a la evolución general de la enfermedad y los tratamientos a seguir tampoco se van a ver interferidos (por ejemplo, la necesidad de aplicar radioterapia tras una reconstrucción).

A nivel psicológico, parece que el beneficio en las mujeres que la realizan es claro al no ver una mutilación que les impida su bienestar.

En cualquier caso, es una decisión muy personal que requiere una información exhaustiva previa.


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Artículo escrito por la Dra. Suárez de la Unidad de la Mujer.

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