Enfermedades de transmisión sexual más comunes: Clamidia o Clamidiasis

La Clamidia o Clamidiasis es una de las ETS más comunes (50 millones de personas contagiadas al año según la OMS). De la misma forma que otras, en la mayor parte de casos no se perciben síntomas que alerten de su contagio hasta muy avanzada la infección. De hecho, esos síntomas muy posiblemente no estén relacionados con la bacteria causante de la Clamidia, sino con los problemas o enfermedades en los que puede derivar la misma si no se trata a tiempo. El más complejo es la enfermedad inflamatoria pélvica (EIP).

Pero ¿qué es la Clamidia y qué síntomas produce exactamente?

Existen 3 bacterias del género Chlamydia que afectan al ser humano, aunque la más importante es la Chlamydia trachomatis. Este bacilo puede causar tracoma, ceguera, infecciones óculogenitales, neumonías, incluso artritis reactiva -sin cura conocida- y Clamidia.

Esta última es una enfermedad de transmisión sexual, insistimos, de origen bacteriano que provoca inflamaciones del cuello uterino o cervicitis. Además, ante la falta de tratamiento, también puede fomentar la aparición de la EIP, que es causa de abortos y esterilidad.

A pesar de ser un trastorno silencioso en la mayor parte de los casos, se puede detectar a través de:

  • una secreción del pene,
  • sensación de ardor al orinar
  • o inflamación de uno o ambos testículos en los hombres.

Y, en las mujeres, la infección puede afectar al recto, llegando a provocar dolor, secreción o sangrado en esta zona o molestias abdominales.

Complicaciones

Además de las complicaciones mencionadas anteriormente y que tienen relación con las enfermedades que puede inducir esta afección, hay que tener en cuenta su alcance. Y es que la Clamidia es la ETS más común en los países occidentales y, más específicamente, en Europa. Esta enfermedad, no obstante, discrimina en cuanto a género. Es la única que afecta a más mujeres que a hombres, sobre todo a aquellas que tienen entre 15 y 24 años de edad.

Diagnóstico y tratamiento

Debido a la gravedad de las consecuencias de no tratar la Clamidia o Clamidiasis a tiempo, ante la más ligera sospecha, conviene acudir al especialista. De hecho, dada su elevada incidencia, mantener relaciones sexuales desordenadas y sin protección ya sería motivo de suficiente peso para aconsejar descartar el contagio a través de los siguientes métodos:

  • ELISA, ensayos de ADN u otras técnicas de biología molecular en muestras de exudado genitales.
  • Pruebas de reacción en cadena de polimerasa (PCR) para facilitar la detección de la bacteria al ampliar el material genético de la misma.

A pesar de todo, el tratamiento indicado para la Clamidia es relativamente sencillo. Consiste frecuentemente en una única dosis de antibiótico que, asimismo, deberá recibir la pareja o parejas sexuales de la persona contagiada.

Pasados 3 meses de la aplicación del tratamiento, se perciban o no síntomas o anomalías, se recomienda realizar de nuevo la prueba de diagnóstico para confirmar la recuperación completa del paciente.

Prevención de la Clamidia y otras ETS

La educación sexual, la monogamia y el uso de preservativos serían los métodos más efectivos para prevenir el contagio de cualquier enfermedad de transmisión sexual. Mucho más importantes, si cabe, en el caso de esta ETS tan común, ‘silenciosa’ y de consecuencias tan severas.

El Dr. Duque explica en este vídeo algunas pautas para prevenir esta y otras ETS:

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