Habréis podido observar que estas últimas semanas hemos aprovechado nuestro blog para recopilar información sobre las enfermedades de transmisión sexual (ETS) más comunes. Tal y como indicábamos en estas publicaciones, la divulgación resulta esencial para, si no erradicar, al menos reducir al máximo su incidencia. En esta línea, hoy hablaremos de la enfermedad inflamatoria pélvica (EIP), una infección originada en la mayor parte de ocasiones por bacterias y que se extiende con frecuencia desde la vagina hasta los órganos genitales situados en la pelvis.

El uso de antibióticos consiguió reducir notablemente su alcance. Sin embargo, en los últimos años se ha detectado un incremento de los contagios, hasta el punto de convertirse en la infección más importante de todas las que afectan habitualmente a las mujeres del mundo occidental.

¿Qué es la enfermedad inflamatoria pélvica (EIP) y cómo se contagia?

Como decíamos, la EIP es una infección provocada principalmente por dos bacterias: Neisseria gonorrhoeae y la Chlamydia trachomatis, que se transmiten a través de las relaciones sexuales. Además, estos gérmenes se introducen con mayor facilidad de la vagina o el cuello del útero hasta la cavidad uterina debido:

  • al uso de dispositivos intrauterinos (DIU)
  • o a la realización de intervenciones en el útero, tales como el legrado, la biopsia endometrial, la histerosalpingografía o la histeroscopia.
Enfermedad inflamatoria pélvica

Las mujeres contagiadas podrán percibir dolor en la parte inferior del abdomen y la pelvis, sobre todo durante las relaciones íntimas.

El flujo vaginal aumentará y adquirirá un olor intenso y desagradable. Asimismo, se percibirán sangrados anómalos entre ciclos o durante y después del coito.

Otros síntomas asociados a la EIP son fiebre, escalofríos y molestias al orinar.

Complicaciones, diagnóstico y tratamiento

El verdadero riesgo de la EIP no son tanto los síntomas descritos anteriormente, sino su alta tendencia a reaparecer. Más del 25% de las mujeres contagiadas volverá a sufrir esta enfermedad una vez curada. Y  las secuelas de la enfermedad inflamatoria pélvica, sobre todo si es reincidente, son realmente graves. Esta puede derivar en embarazados extrauterinos o infertilidad por inflamación de las trompas.

Su diagnóstico debe ser escrupuloso y, para ello, se realizará una historia clínica y sexual de la paciente, así como una exploración ginecológica y una ecografía. También se tomarán muestras de la vagina y el cuello del útero para detectar la presencia de gonococo y clamidias mediante un análisis microbiológico. Se completará el estudio con una analítica de sangre y de orina.

Si los resultados son positivos, entonces se aplicará el tratamiento pertinente, que consistirá en la toma de antibióticos para acabar con los agentes que han causado la infección. Sin embargo, otra de las complicaciones relacionadas con la EIP es que no siempre este primer procedimiento es efectivo y en muchas ocasiones resulta necesario ingresar a la paciente y realizar un tratamiento quirúrgico, sobre todo en los casos en los que se originan grandes abscesos pélvicos con acumulaciones encapsuladas de líquido purulento.

Enfermedad inflamatoria pélvica

Prevención de la Enfermedad Inflamatorio Pélvica y otras ETS

Volvemos a insistir en que, a la hora de hablar de enfermedades de transmisión sexual, la información es poder. Conocer las consecuencias, especialmente graves, de esta y otras ETS hará que la población tome conciencia, use el preservativo y evite la promiscuidad sexual.

El Dr. Duque explica en este vídeo algunas pautas para prevenir esta y otras ETS:

Artículos recomendados


Si le ha interesado este artículo y desea ser atendido por un profesional experto en este tema, no dude en llamarnos -917303673- o pedir cita a la Unidad de la Mujer del Hospital Ruber Internacional de Madrid.

Leave a reply